martes, 4 de agosto de 2015

Los lápices de colores

- Patrón,  lo que mande, decía la Tata. Entonces, como siempre,  se me mojaban las piernas,  me pasó desde  chica  y el Patrón venía a la casa a visitar a mis dos hermanas mayores, a mí me vio después, cuando  él llegaba me hacía encima,  me hablaba la Tata y le decía que sí,  que no lo iba a hacer más,  pero no podía, él se bajaba del auto, saludaba, le daba algo a la Tata,  lo veía ahí en el patio de la casa y,  al mismo tiempo que sonreía, sus ojos me recorrían, empezaba a sentir que se me mojaban las piernas, primero caía despacio un chorrito caliente, me dolía, me daba vergüenza, es por el miedo, me decía  tengo que hacer fuerza, no respirar porque si respiro y me muevo se va a mojar el piso,  la Tata me repetía siempre “cochina mirá lo que hacés andá a lavarte que al Patrón no le gusta que estés  sucia”. Corría a lavarme,  me echaba agua de la canilla del baño, saltaban las lágrimas por las palabras de la Tata, por la vergüenza, por la mirada del Patrón, antes,  cuando tenía seis o siete, no entendía bien por qué las caricias y las sonrisas del patrón terminaban en sacudones y ruidos de chancho que me  lastimaban, y en esa época me empezó a pasar lo de los orines. La Tata no quiso mandarme más a la escuela, “para qué si no hacés más que mearte encima estúpida de mierda qué vamos a hacer con vos si no fuera por el Patrón ya te hubiera dejado en el hogarcito es el destino éstas inútiles no sirven para nada”.
Desde aquel día  estoy siempre en la casa, no soy como  las otras chicas  que juegan en el patio de la escuela, que es lo que más me gustaría hacer,  juego con los perros  o le tiro maíz a las gallinas, barro la galería todas las mañanas, junto los huevos cuando avisan que han puesto, corto las verduras  y, en el verano,  me la paso en el monte  comiendo frutas, ayudo cuando carnean, pero no me gusta tanto andar con la sangre de los animales y las tripas y todo eso que está lleno de grasa y de mierda; me gusta más andar por la chacra, seguir el rastro que dejan las hormigas para desarmar los hormigueros  con agua, los inundo hasta que  se derrumban y salen desesperadas,  son más vivas que yo, porque corren cuando ven el peligro.
Pero lo que más me gusta es el día domingo,  cuando vienen las vecinas a visitarnos y la Rubi, que es tan buena, me enseña a leer  un librito que trae junto con papeles en blanco arrancados de sus cuadernos viejos, dice que le viene el  apuro por empezar uno nuevo y entonces deja algunas hojas sin escribir, pero a mí se me hace que las deja para traérmelas  y  trae lápices también, me presta tres o cuatro, el negro es para escribr mi nombre y apellido, Esperanza Aguirre, así me puso mi mamá que se murió cuando yo llegué a este mundo, no sé por qué no habrá podido quedarse un poquito más conmigo.
Esperanza, inútil, estúpida, meona me dicen. Esperanza, sí Patrón, lo que usted mande, me acostumbró a decir la Tata  para que no se enojara. La Rubi me presta  el lápiz rojo y  el  verde, me los va a regalar cuando pase Navidad  y a ella le regalen una caja nueva para colorear, entonces voy a tener lápices yo también, más gastados, pero igual pintan o dibujan, que es lo que más me gusta, porque yo tengo uno solo, que se le cayó al Patrón del bolsillo cuando se  puso  la camisa,  aquel día que yo ya no lloré, que hice mucha fuerza para no pegarle y sacármelo de encima como me dijo la Rubi, porque  si le hacía caso a ella, capaz que en serio la Tata se enojaba y me dejaba en el hogarcito de las monjas y no salgo de ahí hasta los dieciocho  y no puedo ver más a mis hermanas ni a la Rubi. Yo  tomé el lápiz, pero nada más; él dio vuelta la cabeza rápido para ver qué agarraba, por si le robaba algo y me dijo “quedátelo para qué querés eso vos que sos un animalito”  y me lo quedé. Yo de lo demás no sé nada.
Entonces cuando voy a cuidar las ovejas  y descanso en el sauce llorón, mi sauce, saco los papelitos que me dio la Rubi o que la Tata tira, antes de que vayan a parar a la basura, y dibujo  las nubes, sobre todo las que tienen  formas raras, dibujo  vacas y cabras y chanchitos y palomas y gorriones y calandrias, lástima que no pueda pintar mis animalitos de mentira, para mí tienen vida, aunque sean defectuosos.  Eso sí, los sonidos del campo los  tengo en la cabeza y silbo bonito, las calandrias me contestan,  con ellas me entretengo todas las mañanas, cuando vienen al árbol a darle de comer a sus pichones; ellas cantan, yo les respondo, me debe salir bien, porque me siguen un rato largo. Al Patrón lo carnearon como a un chancho, yo lo encontré, pero no sé quién lo hizo, lo habían despanzurrado en el galpón, lo vi cuando fui a buscar maíz para la bataraza y sus pollitos. Yo no sé nada, señor, le juro.
Cuándo llegará la Navidad, no veo la hora de que sea  el 25 de diciembre y la Rubi me regale los lápices, porque ella los va a sacar de la caja de las cosas viejas para traémelos, eso sí, son más chiquitos,  están gastados pero llenos de color. No los va a tirar, me dijo,  porque yo los estoy esperando. Ahora, claro, no sé si va a venir hasta acá, si la madre la dejará venir a este lugar,  si me llevaran al hogarcito, a lo mejor sí la veo y me da los colores. Al final,  creo que estaría mejor con las monjas que en esta celda mugrienta, es tan chico el lugar, aunque hay unas calandrias que ya me descubrieron por el silbido, las miro por la ventanita, hay un nido en el árbol que se recuesta sobre la pared, los pájaros revolotean, y yo les silbo y  me contestan,  eso, señor, no  está prohibido, no. Hace tres días  que estoy encerrada y nadie me saca de acá, yo quiero irme. Será como dice la Tata a cada uno le toca  la vida   que le toca, si al menos me dieran un lápiz y un pedacito de papel.

lunes, 3 de agosto de 2015

Los lápices de colores

LOS INVITO A LEER EL N° 29 DE LA REVISTA CREPÚSCULO. MI CUENTO:  "LOS LÁPICES DE COLORES". ESTOY MUY AGRADECIDA POR LA PARTICIPACIÓN.

http://www.fundaciontrespinos.org/revista-crepusculo/



Antonina Rzhevskaya (1861-1934)-una chica en la ventana
(óleo sobre lienzo-75cm x 58cm)
- Patrón,  lo que mande, decía la Tata. Entonces, como siempre,  se me mojaban las piernas,  me pasó desde  chica  y el Patrón venía a la casa a visitar a mis dos hermanas mayores, a mí me vio después, cuando  él llegaba me hacía encima,  me hablaba la Tata y le decía que sí,  que no lo iba a hacer más,  pero no podía, él se bajaba del auto, saludaba, le daba algo a la Tata,  lo veía ahí en el patio de la casa y,  al mismo tiempo que sonreía, sus ojos me recorrían, empezaba a sentir que se me mojaban las piernas, primero caía despacio un chorrito caliente, me dolía, me daba vergüenza, es por el miedo, me decía  tengo que hacer fuerza, no respirar porque si respiro y me muevo se va a mojar el piso,  la Tata me repetía siempre “cochina mirá lo que hacés andá a lavarte que al Patrón no le gusta que estés  sucia”. Corría a lavarme,  me echaba agua de la canilla del baño, saltaban las lágrimas por las palabras de la Tata, por la vergüenza, por la mirada del Patrón, antes,  cuando tenía seis o siete, no entendía bien por qué las caricias y las sonrisas del patrón terminaban en sacudones y ruidos de chancho que me  lastimaban, y en esa época me empezó a pasar lo de los orines. La Tata no quiso mandarme más a la escuela, “para qué si no hacés más que mearte encima estúpida de mierda qué vamos a hacer con vos si no fuera por el Patrón ya te hubiera dejado en el hogarcito es el destino éstas inútiles no sirven para nada”.
Desde aquel día  estoy siempre en la casa, no soy como  las otras chicas  que juegan en el patio de la escuela, que es lo que más me gustaría hacer,  juego con los perros  o le tiro maíz a las gallinas, barro la galería todas las mañanas, junto los huevos cuando avisan que han puesto, corto las verduras  y, en el verano,  me la paso en el monte  comiendo frutas, ayudo cuando carnean, pero no me gusta tanto andar con la sangre de los animales y las tripas y todo eso que está lleno de grasa y de mierda; me gusta más andar por la chacra, seguir el rastro que dejan las hormigas para desarmar los hormigueros  con agua, los inundo hasta que  se derrumban y salen desesperadas,  son más vivas que yo, porque corren cuando ven el peligro.
Pero lo que más me gusta es el día domingo,  cuando vienen las vecinas a visitarnos y la Rubi, que es tan buena, me enseña a leer  un librito que trae junto con papeles en blanco arrancados de sus cuadernos viejos, dice que le viene el  apuro por empezar uno nuevo y entonces deja algunas hojas sin escribir, pero a mí se me hace que las deja para traérmelas  y  trae lápices también, me presta tres o cuatro, el negro es para escribr mi nombre y apellido, Esperanza Aguirre, así me puso mi mamá que se murió cuando yo llegué a este mundo, no sé por qué no habrá podido quedarse un poquito más conmigo.
Esperanza, inútil, estúpida, meona me dicen. Esperanza, sí Patrón, lo que usted mande, me acostumbró a decir la Tata  para que no se enojara. La Rubi me presta  el lápiz rojo y  el  verde, me los va a regalar cuando pase Navidad  y a ella le regalen una caja nueva para colorear, entonces voy a tener lápices yo también, más gastados, pero igual pintan o dibujan, que es lo que más me gusta, porque yo tengo uno solo, que se le cayó al Patrón del bolsillo cuando se  puso  la camisa,  aquel día que yo ya no lloré, que hice mucha fuerza para no pegarle y sacármelo de encima como me dijo la Rubi, porque  si le hacía caso a ella, capaz que en serio la Tata se enojaba y me dejaba en el hogarcito de las monjas y no salgo de ahí hasta los dieciocho  y no puedo ver más a mis hermanas ni a la Rubi. Yo  tomé el lápiz, pero nada más; él dio vuelta la cabeza rápido para ver qué agarraba, por si le robaba algo y me dijo “quedátelo para qué querés eso vos que sos un animalito”  y me lo quedé. Yo de lo demás no sé nada.
Entonces cuando voy a cuidar las ovejas  y descanso en el sauce llorón, mi sauce, saco los papelitos que me dio la Rubi o que la Tata tira, antes de que vayan a parar a la basura, y dibujo  las nubes, sobre todo las que tienen  formas raras, dibujo  vacas y cabras y chanchitos y palomas y gorriones y calandrias, lástima que no pueda pintar mis animalitos de mentira, para mí tienen vida, aunque sean defectuosos.  Eso sí, los sonidos del campo los  tengo en la cabeza y silbo bonito, las calandrias me contestan,  con ellas me entretengo todas las mañanas, cuando vienen al árbol a darle de comer a sus pichones; ellas cantan, yo les respondo, me debe salir bien, porque me siguen un rato largo. Al Patrón lo carnearon como a un chancho, yo lo encontré, pero no sé quién lo hizo, lo habían despanzurrado en el galpón, lo vi cuando fui a buscar maíz para la bataraza y sus pollitos. Yo no sé nada, señor, le juro.
Cuándo llegará la Navidad, no veo la hora de que sea  el 25 de diciembre y la Rubi me regale los lápices, porque ella los va a sacar de la caja de las cosas viejas para traémelos, eso sí, son más chiquitos,  están gastados pero llenos de color. No los va a tirar, me dijo,  porque yo los estoy esperando. Ahora, claro, no sé si va a venir hasta acá, si la madre la dejará venir a este lugar,  si me llevaran al hogarcito, a lo mejor sí la veo y me da los colores. Al final,  creo que estaría mejor con las monjas que en esta celda mugrienta, es tan chico el lugar, aunque hay unas calandrias que ya me descubrieron por el silbido, las miro por la ventanita, hay un nido en el árbol que se recuesta sobre la pared, los pájaros revolotean, y yo les silbo y  me contestan,  eso, señor, no  está prohibido, no. Hace tres días  que estoy encerrada y nadie me saca de acá, yo quiero irme. Será como dice la Tata a cada uno le toca  la vida   que le toca, si al menos me dieran un lápiz y un pedacito de papel.

martes, 7 de julio de 2015

QUIERO


Cuando un hombre  golpea
Perdió los estribos, dicen
Aunque nadie sepa dónde;
El   hombre violento
Tiene miedo,       
 Se  le ha caído roto
 El amor. El corazón vacío.

Yo quiero un hombre
Que no me mate
Ni  de amor, ni a palos;
Se  consuma conmigo
En  el fuego de los cuerpos desnudos
Y no muera, si se marcha. O se muere.                      
Si con  las decepciones sufre,
Que no me pegue;
Si  por las cosas de la vida
Pierde  todo y se desalienta,
Si pierde  la cordura antes que el amor
Que no me pegue;
Si el trabajo es duro,
No amenace con el puño cerrado
Y la maldición en la boca;
Y si no pudiera o no quisiera amarme
Que no grite, ni culpe a nadie;
Que arranque  su machismo
De macho cabrón
De la cama,
De  la cocina,
Por las calles
Y saque a pasear
Su condición de  hombre,
De bueno para todo,
Con  sus temores
Tan humanos;
Con sus fracasos a cuestas,
Como una.

Quiero  la promesa: Si un hombre mata
 Que sea sólo una metáfora,
Que sea de amor
Y no a los golpes;

Quiero ése
Que si me estruja el alma,
Sea por la inquietud de su presencia;
Que si el corazón revienta en mi pecho,
Sea por la pasión
Y no por una bala.

Quiero un hombre
Que se quede conmigo
Y no me mate, sino que me acompañe
Hasta el último día
Con mi amor amarrado al suyo
Y un beso en la boca
Que me demore.

lunes, 6 de julio de 2015

Homenaje a Oliverio Girondo, antología.

Cuentos y poemas en la Antología De los Cuatro Vientos de poesía y narrativa. Muy contenta por mi participación.

martes, 16 de junio de 2015

YOLLEO, Oliverio Girondo

Eh vos
tatacombo
soy yo
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto,
desde el yo mero mínimo al verme yo, harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando
y yoyollando siempre
por qué
Si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
           y hasta cuándo...               

                                                                                   




miércoles, 27 de mayo de 2015

Purmamarca, Jujuy. Argentina

Cerro de los Siete Colores.
Siete colores, yo tengo que cantar
tu memoria,   canasto de almas 
que vienen
de otros tiempos.
Acaso tenga alma la piedra colorida.
Piso tu suelo enmudecida,
Purmamarca, la piedra grita.
Bello poema          
Escrito en la roca constante
Purmamarca, escucho.
Pueblo de la tierra virgen,
Lloro por tus cerros              
La ausencia de las palabras,
La pequeñez de lo humano.
Lloro porque no  puedo hacer más que eso.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Medinacelli, España

Medinacelli, bella y antigua,
Hija de celtas, madre de todos;
Desposada por romanos,
Amada por los moros,
Celada por  cristianos.
Hay un tesoro
En tierras de Soria,
Que mis ojos vieron,
Es Medinacelli.