domingo, 17 de enero de 2016

Un clavelito rojo

Mi niño                      
Me  ha ofrecido  su corazón  de néctar.
Lleva  unas pocas monedas   (Sólo tiene seis años),
Compraría una golosina,
Pero elige la ternura.
El niño  trae el amor (Sola, 
Me trajiste el amor)
En un clavelito  falso.
Me guardo la mirada
De tus ojos intensos cuando miras tan hondo.

El niño  tiene una semilla en  el corazón
Que  ha germinado. (No toques las espinas,
No salgas a enfrentar los jinetes del odio).
El niño
Y el dolor que no cesa.
Adoro la sonrisa que amanece en tu cara
Cuando te ves feliz.


Llega solo,
Sus  manos pequeñas  me regalan una flor
De pétalos encarnados, de  material etéreo,
Y aroma esquivo. 
La falsificación de esa flor
No  es otra cosa que puro amor.



martes, 5 de enero de 2016

Vuelo, las referencias históricas corresponden a los Juicios por delitos de Lesa Humanidad


Reescritura de la crónica

Argentina, 1977
Atada,  embotada se asomó al abismo y  vio el río en sombras.
No podía ser cierto. Los seres humanos no vuelan. A menos que fuera pájaro ahora, canario o colibrí por lo pequeña. No podía mover las alas atadas con una soga. Duelen.
Bajaba muy lentamente, agitando las aletas crecidas en el calabozo. Pez, entonces debería nadar. De pronto supo quién era, no era pájaro ni pez, recordó una capucha, los grilletes, susurró Patricia, hermana de Pedro y de Carlitos, buscaba a Pedro, en la Santa Cruz. 
La buscaron por cielo y tierra.

Los casos de Pedro y Patricia Oviedo (nro. 738 y 493)

Megacausa ESMA, día 81,  21  de agosto de 2013, Espacio Memoria y Derechos Humanos

lunes, 4 de enero de 2016

SEGUNDO ANIVERSARIO DEL BLOG


¡SALUTE! 


Elegí estas tres imágenes porque hay algo de ellas en mí y en este blog; en el silencio, sigo buscando palabras nuevas.

domingo, 3 de enero de 2016

El cazador

Me miro, no soy yo

Es otra la que habita este territorio

Mío,  viene de lejos, desde la arcaica sombra

De aquellos que anduvieron por desiertos,

De los que se refugiaron en cavernas.

No soy yo, son ellos

Los que hambrientos persiguieron

A la presa.

Yo recojí la obstinación y el cansancio

De esos hombres hoscos y desgreñadas mujeres,

Primeras madres nuestras.

No soy yo, son ellos.

Sus ojos brillaban en las sombras;

Yo también me escondí y huí,

Feroces garras,  sed de sangre.

El animal y el hombre.

El hambre y el terror.

Son ellos

Los que recogieron frutos,

Vieron la  creación completa en la semilla

Y enterraron para que brotara el mínimo universo,

Una y otra  vez.

Ahora, de mí brota la palabra secuestrada,

Enterrada,

Viva.

Son ellos, no yo,

Me habitan,

Estremecen sus voces,

Escucho  lenguas oscuras, vienen desde el fondo de la tierra,

De un tiempo desvaído.

Escribo.

Después del silencio.

Escribo.

El cazador no está. No volverá.

Ahora, puedo descansar en mí.

Ahora, escribo la palabra liberada.