jueves, 28 de agosto de 2014

La boluda feliz

                        
¡Hay que ser feliz!
Para ser querida debo ser
Una boluda feliz.
Leer libros para reír, adelgazar,
Dormir, soñar, respirar…
Auto ayuda (libros que no ayudan más
Que a los que venden esos libros),
Psicoanálisis, gurúes o  esoterismo.
¡Por favor!                  
¿Desde cuándo el hombre (la mujer, bah)
Tiene que hacer lo que mandan
Para  parecer o creer
Que es feliz?
¿Cuándo empezó a imaginar que los demás le creerían?
Actúa correctamente:
Gimnasio, meditación, esteticista,
Dietas, anorexia, bulimia,
Estar (in) comunicado con la última tecnología,
En la era de los emoticones,
Los cientos de miles de minutos telefónicos hablados,
Chat, WhatsApp, pienso en la distancia
Que ponemos con el otro,
Las máscaras que usamos en cada acto,
Lo pequeños que somos y ocultamos
Los miedos,
Las fobias nos paralizan
La ignorancia.
Cuánto tienen nuestros actos
De  reales,  
Si el  ser se esconde.
Verosímil,  dice una voz amarga,
Verosímil, no real.
Ah, mejor no pensar, no dudar, no discutir, menos enojarse.
Usar buena pasta dental, asistir regularmente al odontólogo
Y sonreír siempre,
¡Que la vida  es bella!

                  

lunes, 25 de agosto de 2014

Carnaval

Ríos de lava silenciosa
corren detrás de lo efímero;
hay puertas que se cierran
y tienen cerraduras ciegas,
inútiles; hay en las calles
árboles derribados
por vientos terribles.
Un carnaval de figuras grotescas baila y festeja,
las máscaras esquivan
el dolor de perder todo, ríen borrachas, simulan
ser felices;
la pobre caravana
avanza temerosa
de las sombras.
Se oyen los ecos de la fiesta.
Inundan los bares de alcohol
los borrachos,
gimen trastornadas las muchachas malas.
Nadie sabe
cuándo será dicha la última palabra
que cierre definitivamente
el acto breve
de la vida.

jueves, 14 de agosto de 2014

Fecundación

El poema  agita sus alas,
Derrama besos, en el aire exuda aromas balsámicos
Cándido Portinari, Pájaro
De vinos ardientes 
Bajo soles viejos;
Sacude su sexo la palabra desnuda
Que tanto tiene que decir, aunque a veces calla,
Y gime, tiembla, grita,
Susurra al  sentir los temblores del éxtasis.
El poema sobrevuela la página,
Gozan poseídas cuando caen
Una a una las palabras para ser
Verso.
Y al final,
Un punto.



lunes, 4 de agosto de 2014

Y fue pájaro



Una familia es una familia, aunque sean tres que casi no se dirigen la palabra, apenas se miran, trabajan de sol a sol, se acuestan, se levantan igual o caminan en fila india por las calles. No era el orden o el andar acompasado   lo   que   los  hacía  ver  a  los 
Di Santi como parte de un grupo cuando pasaban. Era un grupo familiar. Familiar el andar lento, las ropas de campo descuidadas, viejas, como de otro tiempo por lo gastadas y por lo pasadas de moda. Familia, por el silencio que los mantenía atados, no indiferentes. 
Los  inmigrantes trajeron a estas tierras usos europeos como el traje oscuro, el saco de lanilla, el gabán largo o el sombrero que los protegía del sol del verano y del  frío en el invierno helado, se distinguían de los criollos por el atavío, además, claro, por el lenguaje, los modales, las habilidades; hemos visto también las faldas largas, delantales y pañuelos sobre los hombros o cubriendo la cabeza de las mujeres que  trabajaban con la familia. Los que no gozaron de  las mieles del progreso en América siguieron con las costumbres de su terruño, vistiendo lo que habían traído en sus baúles, haciendo  el trabajo rural duro y mal pago.
Eran silenciosos y ordenados. Pascual Di Santi siempre marchaba adelante, llevaba sombrero de ala ancha, alpargatas raídas, por lo general cargaba al hombro una horquilla, la azada o empuñaba la pala; ella, María, era baja, redonda, lenta, seguía los pasos del hombre callado, con las faldas   rozaba la maleza de los senderos abiertos a fuerza de pasar una y otra vez por las orillas de tierra, llevaba un pañuelo en la cabeza rubia, blanca, tal vez ceniza. O quizás todo  eso, porque la vi durante años del mismo modo a diario. El hijo bobo detrás. Muy grande,  demasiado alto, demasiado tonto. Un grandulón tierno detrás de papá y de mamá.
Hugo caminaba balanceando los brazos, dando grandes zancadas con sus zapatones de cuero. La vida del hijo se hallaba atada a la madre aún. El padre era huraño, poco lo habría podido ayudar a madurar. Y además estaba el estigma, signo de lo defectuoso, llaga social que dolía. Duele la normalidad de los otros cuando la anomalía es propia, aunque la ignorancia o el amor suelen apaciguar el pesar. La vida es así, se consuela María mirando con ternura al hijo que le mandó Dios. 
Cuando Pascual  murió, se arreglaron solos. Él pudo hacer algunos trabajos en el campo,  mandados o changas y de ese modo mantener la casa. Ya no se los veía ir y venir. La madre anciana permanecía detenida en el tiempo, perdida en sus recuerdos, enmarañada, confundida, pero  la cuidaba su único hijo. Un buen hijo.
Sólo dos habitaciones de la casa estaban habitables, la tercera  había  comenzado a deteriorarse por las lluvias y las goteras, los ladrillos comenzaron a ceder, primero uno, luego otro. Pascual no estaba para remendar con barro y ajustar las piezas. Hugo no se daba maña para eso, aunque ella se lo explicaba, no lo hacía. No  podía o no quería, vaya a saber. Sin embargo, cada lluvia él corría la cama, secaba las pocas cosas que tenían en la cocina, encendía un fuego en el brasero para darle calor a la mujer que lo amaba como nadie más en toda su vida. Sólo un amor así podía darles fortaleza a pesar de la vida difícil.
Cuando despertó aquella mañana fría de julio y la llamó, pensó que seguiría durmiendo, total por lo que hacía. Entonces fue hasta la casa del vecino, tomó unos mates con el carpintero, no se levanta tiene que tomar el mate cocido con pan, de pasada, compró el pan en la panadería de la esquina donde siempre le regalaban un pan o alguna torta negra, mejor la sopa con calabaza pasó a buscar la leche, recogió las últimas calabazas de la quinta y volvió a llamarla. Tendría que sacar yuyos de los frutales y buscar los hormigueros uno de esos días. Ella no respondió.
Los vecinos lo acompañaron con afecto, unos parientes pagaron los gastos del sepelio y todo acabó así para Hugo, porque al volver a la casa estuvo solo por primera vez en su vida. Se encontró con la cama vacía y se acostó abrazado a la almohada. Estaba cansado y tenía hambre. Se haría unos huevos fritos para acallar los ruidos del estómago vacío.
Algunos dicen que al poco tiempo se casó con una mujer singular por su indefinida  naturaleza genital; otros cuentan que se burlaron de él y que, ante el fracaso y la humillación que pudo percibir a pesar de su escaso entendimiento, se le fue la cabeza quién sabe adónde.
Ya no fue Hugo. Anduvo por las sinuosas sendas de la enajenación y como la insania es poética, fue un pájaro. Deambulaba por las calles agitando las alas, hacía equilibrio en el cordón de la vereda, comía lo que le daban sin mendigar. Hablaba con sus pocos amigos imaginarios. Todos lo querían, pero él no podía devolver el afecto ni dejar de pensar en su madre. Por eso al llegar la noche caminaba hasta la última cuadra del pueblo, saltaba el muro bajo o abría la puerta de hierro que daba al campo y dormía en el cementerio, junto a la tumba de María. Hasta que lo vieron, avisaron a la policía y lo fueron a buscar. 
Le cortaron las alas. Por lo del cementerio o porque no podía seguir solo, se lo llevaron y terminó sus días en un manicomio, enjaulado. Estuvo cautivo con una esporádica lucidez recetada  hasta que se liberó  de lo poco que lo ligaba a la vida. Yo estaba en el profesorado cuando supe que se había ido para siempre.

martes, 22 de julio de 2014

Quién quiénes


Quién vive en esa casa con olor a almendras,
Quién en la de enfrente que se cae a pedazos,
Pero sueña aún la mujer que espera en la ventana
Y corre al ver pasar la  bicicleta  del cartero
(porque el tiempo le llevó todo menos el amor).
Quiénes se ocultan tras las cortinas
Del comedor vacío
Que espera la llegada del hijo
Ausente.
Quiénes están vistiendo el cadáver
Que se pudre antes de llegar al nicho.
Cuántos lloran
En los rincones oscuros
Después del grito o  de la pesadilla de los golpes.
Qué novia se mira en el espejo y sueña
Y canta y ríe por el amor que tiene y el que vendrá.
Cuántos duermen,
Cuántos no podrán aquietar la voz
De sus conciencias, que hace ruido
Y aturde.
                 


sábado, 19 de julio de 2014

Soles

El sol aún está allí. Pasaron los días
(No  sabemos cuántos) hasta que dejó de dar vida,
Apagado
Sin saberlo, se volvió inútil.
El punto azul morirá de frío.
En  momentos, un hombre temblará de miedo
Y al instante, ya no será.


viernes, 18 de julio de 2014

No es nada

Kiyoshi Nakajima, el pintor del viento
No es nada, ya pasará
La vida es así
Dicen andan diciendo sin ton ni son
Qué saben ellos
Jamás verás otra flor
No importa
La canción sigue indiferente
No importa nada
Qué podremos hacer
Si ya te vas y es for ever
Se está yendo
La última mirada
El beso de despedida
Nunca jamás      
Será igual lo sabemos
Sé que me mientes si yo ya sé que muere cada día
La alegría
La  sonrisa desvanece su esencia
For ever
No quiero más palabras
Ni  música
Ni  metáforas
Que se lleve el viento la pena
Enorme gigante sin comas
Ni puntos
Que se lleve todo de una buena vez
For ever